Perdonad el retraso informativo pero ayer tuvimos problemas informáticos y de tiempo. Desde Palas de Rei a Arzúa el itinerario ha sido duro: se tuvieron que cubrir veintiocho kilómetros y los últimos fueron de duro ascenso. Pesar de esto, llegamos a la hora de comer aunque de forma escalonada. El de Arzúa ha sido el mejor albergue con diferencia de todos: Noel, el dueño, atendió todas las necesidades de los niños sin ponerle pegas a nada, todo generosidad.
Por la tarde algunos disfrutaron de la piscina climatizada y otros nos fuimos a dar un paseo por el centro del pueblo donde nos reunimos todos junto a la iglesia para tener nuestro momento de reflexión y oración. Después, lo de todos los días: la cena y a dormir. Tanto en la cena como en el desayuno Noel volvió a demostrar su simpatía. Allí le dejamos la camiseta de nuestro camino como recuerdo.